Recientemente concluimos el segundo mes completo de 2019, y ya en el año hasta la fecha se ha desarrollado el lado cálido.
La calidez constante en todo el mundo hizo de febrero el quinto más caluroso jamás registrado. Según la temporada, el período comprendido entre diciembre de 2018 y febrero de 2019 fue el cuarto más caluroso registrado, según los científicos de los Centros Nacionales de Información Ambiental de la NOAA.
Aquí hay más puntos destacados del último informe mensual del clima global de la NOAA:
Clima por los números.
Febrero 2019
La temperatura global promedio en febrero fue de 1.42 grados F por encima del promedio del siglo 20 de 53.9 grados, lo que lo convierte en el quinto más caluroso de febrero en los 140 años (1880-2019). El mes pasado también fue el 43º consecutivo de febrero y el 410 mes consecutivo con temperaturas globales por encima del promedio.
El año hasta la fecha I de enero a febrero.
El período comprendido entre enero y febrero de este año registró una temperatura global de 1.51 grados F por encima del promedio de 53.8 grados. Esta fue la cuarta YTD más alta registrada. Gran parte de Australia, partes del noreste de Brasil, el océano sur, este de China y los mares de Barents y el sureste del océano Pacífico tuvieron un récord de año.
Temporada | Diciembre a febrero
La temperatura estacional para el período comprendido entre diciembre de 2018 y febrero de 2019 fue de 1.51 grados F por encima del promedio de 53.8 grados, que es el cuarto más alto en ese período.
Un mapa del mundo anotado que muestra los eventos climáticos notables que se produjeron en noviembre de 2018. Para obtener más información, consulte la breve lista de viñetas a continuación en nuestra historia y más detalles en http://www.ncdc.noaa.gov/sotc/global/201902 .
Otros datos y estadísticas notables del clima mundial.
La cobertura del hielo marino polar sigue siendo menor que el promedio : la cobertura promedio (extensión) del hielo marino del Ártico en febrero fue de 5,9 por ciento por debajo del promedio de 1981 - 2010, la séptima más pequeña registrada en febrero. Mientras que la extensión del hielo marino se contrajo en el mar de Bering, el hielo marino se expandió en el mar de Barents y en el mar de Ojotsk. Laextensión del hielo marino en la Antártida fue 13.4 por ciento por debajo del promedio, la séptima más pequeña de febrero registrada.
Temperaturas cálidas en la superficie del mar : latemperatura promedio en la superficie del mar en febrero fue de 1.26 grados F por encima de la media de 60.6 grados, la segunda temperatura del océano global más alta en febrero.
viernes, 15 de marzo de 2019
NUEVO CONDICIONAMIENTO AL MÉTODO CIENTÍFICO
" Se demostró que la realidad no es objetiva"
Un grupo de investigadores demostró por primera vez en un laboratorio que la naturaleza misma de la realidad no es objetiva y que los 'hechos' dependen del observador.
Se trata de un experimento que va a lo profundo de la física cuántica para afirmar que todo es subjetivo. La peculiar esencia del universo cuántico —la base de todo lo que nos rodea— se rige por leyes muy diferentes a las que gobiernan en el mundo a escala macroscópica.
"El método científico se basa en hechos, establecidos mediante mediciones repetidas y acordados universalmente, independientemente de quién los haya observado. Pero en la mecánica cuántica, la objetividad de esas observaciones no resulta tan clara", indican los autores del artículo recientemente publicado.
El experimento estuvo a cargo de un grupo de científicos liderado por Alessandro Fedrizzi, de la universidad británica de Heriot-Watt, quien utilizó fotones para verificar su hipótesis.
El experimento involucró a cuatro actores: Alice, su amiga Amy, Bob y su amigo Brian. Todo comienza con Amy y Brian dentro de sus respectivos laboratorios. Una fuente externa, genera un par de fotones entrelazados, lo que establece una 'comunicación instantánea', ya que cuando dos partículas están entrelazadas, lo que le suceda a una será inmediatamente conocida por la otra, independientemente de la distancia a la que se encuentren.
Luego, esta fuente externa envía uno de los dos fotones entrelazados a Amy y el otro a Brian. A continuación, Amy crea en su laboratorio un segundo par de fotones entrelazados: uno de sistema y otro de prueba. Utiliza el de prueba para medir el estado del fotón que recibió del exterior e imprime el resultado en el fotón de sistema a través de entrelazamiento cuántico. El resultado es almacenado en el fotón de sistema.
Una vez que Amy ha llevado a cabo sus mediciones, envía tanto el fotón que recibió de afuera como el de sistema a su amiga Alice. En este punto, Alice puede medir por su cuenta el fotón externo que sería algo similar a preguntarle a Amy por sus resultados, o bien dejar que los dos fotones recibidos interfieran entre sí y hacer sus propias mediciones sin preguntar nada a Amy.
Al mismo tiempo, Brian hace exactamente lo mismo con el otro fotón original, mientras que Bob, que está en su propio laboratorio, tiene las mismas opciones que Alice para conocer los resultados de Brian: o bien preguntarle, o bien medirlo por sí mismo.
¿Una secuencia difícil de seguir? Ánimo que hay más. El proceso implica hacer tres suposiciones diferentes: la primera, que Alice y Bob tienen completa libertad para elegir cómo hacer sus mediciones; la segunda es que la elección de Alice no influye en los resultados de Bob y viceversa; y la tercera, que en el mundo existen hechos que son independientes del observador.
"Los datos que se obtienen tras una medición concreta deberían ser objetivos, un hecho en el que todos los observadores deberían ponerse de acuerdo", presupone Fedrizzi, según publica ABC.
Si las tres suposiciones fueran correctas, el cálculo de probabilidades no debería ser superior a 2. Pero el experimento real arrojó un valor de 2,47. Lo cual implica que alguno de los supuestos anteriores es erróneo.
Según los experimentos teóricos que se habían realizado antes de este experimento, incluso si asumimos como correctos los dos primeros supuestos, los resultados contradictorios pueden seguir produciéndose. Por eso, según Fedrizzi, "una forma natural de resolver la cuestión es considerar que no existen hechos objetivos". Es decir, reconocer que el tercer supuesto es falso.
Para ti, ¿existe una realidad objetiva?
lunes, 3 de diciembre de 2018
Venenos respiratorios, irritantes y otras noxas del medio
El hombre es lo que come dice el adagio hindú… y tenemos información cada vez más alarmante sobre la presencia de diversas substancias carcinogénicas infiltradas en los alimentos, cosméticos, productos de limpieza, combustibles, envases y fármacos de todo género, desde pesticidas, solventes, anticongelantes, lubricantes, antibióticos hasta desechos industriales y polución electromagnética.
Irónicamente una de las sustancias que incorporamos en mayor cantidad es el oxígeno. Sin él no es posible vivir pero, a la vez, este nutriente invisible –que debe penetrar hasta lo profundo de las mitocondrias- está implicado en la producción de moléculas sumamente inestables, las Especies Reactivas del Oxígeno, precisamente en el sitio primario de la producción aeróbica de energía. Los radicales libres se caracterizan por tener un electrón sin aparear y por tanto buscan desesperada y “promiscuamente” unirse a la primera molécula que encuentren, para adquirir estabilidad. en el deterioro de la función mitocondrial, y con ello en el cáncer, el envejecimiento, la artritis, las cataratas, los infartos, las arrugas y hasta las manchas de la piel.
Múltiples amenazas químicas acechan a los complejos respiratorios mitocondriales, y creciente evidencia sugiere que el progresivo deterioro de la capacidad enzimática de nuestras células para producir ATP aeróbicamente se debe en gran parte al daño causado por una larga lista de agentes químicos del entorno. Centenares de compuestos disruptivos de la función mitocondrial penetran diariamente en nuestro organismo causando un deterioro incremental en nuestro poder de fosforilación oxidativa. En nuestro mundo post-industrial la mayoría de los agentes causantes de cáncer ni siquiera son mutágenos, antes bien, son disruptores totales o parciales de algún componente de la cadena de enzimas (1) involucradas en la fosforilación oxidativa de glucosa.
La razón por la que este hecho no ha sido considerado antes seriamente y en gran escala, es que todos los venenos mitocondriales conocidos, solo son inmediatamente fatales cuando se ingieren en altas concentraciones (rango mili-molar), pero aparentemente inocuos en bajas concentraciones (rango micro-molar), significando que son necesarios largos periodos de exposición sostenida para tener efecto carcinogénico mensurable. La insidiosa presencia de estos minúsculos contaminantes u oligotoxinas (2) no es registrable por métodos convencionales, y pasa desapercibida, pero su efecto sobre la capacidad respiratoria es acumulativo. Tanto la progresiva anemización de las personas en función de la edad como la disminución de la densidad (masa) mitocondrial, asociadas al daño intrínseco que sufren dichas mitocondrias con la exposición a las especies reactivas del oxígeno, contribuyen al efecto inhibitorio.
La lista de potenciales carcinógenos ambientales es interminable, en particular porque muchos de ellos tienen una acción carcinogénica indirecta –por ejemplo, disminuyen la permeabilidad de las membranas celulares al oxígeno- lo que puede tomar años en producir finalmente su efecto. Las grasas poliinsaturadas contenidas en los aceites vegetales comunes (soja, girasol, maíz, maní) no solo contienen trazas de los solventes que se utilizan en su extracción a alta temperatura sino que son en sí mismos muy fácilmente oxidables.
La peroxidación lipídica es un factor reconocido en el envejecimiento celular y la carcinogénesis. Ciertas condiciones fisiológicas –como el frío extremo- puede conducir también a la inhibición de la fosforilación oxidativa aún sin la injerencia de una toxina.
Presentes en los adipocitos, ciertos canales protónicos integrados a las membranas citoplasmáticas de la grasa parda (denominados proteínas desacopladoras) son capaces de disociar la respiración del mecanismo de síntesis final de ATP (3). Este incremento de la combustión intracelular no resulta pues en la generación de ATP sino de calor, y es de crucial importancia para la supervivencia de los animales homeotermos -particularmente en el periodo neonatal y durante la hibernación- para mantener la temperatura corporal.
El severo problema de la hiperglucemia y la hiperinsulinemia crónica, destructora de los capilares sanguíneos, para una progresiva caída en la presión parcial de oxígeno tisular (es decir un fallo microdistributivo), se ve empeorado por las oligotoxinas. Una breve lista de conocidos venenos respiratorios nos deja ver el peligro de introducirlos en el organismo:
La antimicina es parte de una familia de antibióticos segregados por el Streptomyces,algunos de los cuales son empleados como fungicidas en la agricultura, contra hongos parasíticos del arroz. La rotenona, usada para el control de especies invasoras por la industria alimentaria, se vierte en lagos y ríos. Sus efectos colaterales alcanzan también el área neurológica, y que se sabe que la rotenona causa enfermedad de Parkinson. En tiempos recientes (de 1700 hasta hoy) el desarrollo de las tecnologías humanas originó infinidad de industrias cuyos productos directos o accesorios son en algunos casos nocivos para el organismo.
Si bien se han investigado parcialmente el efecto de dichos productos, necesariamente hay aspectos que se pasan por alto debido a lo complicado de realizar pruebas de seguridad a gran escala y durante el suficiente tiempo con cada producto nuevo que se crea. A menudo, incluso en el caso de medicamentos sofisticados previamente aprobados por la FDA –como la Talidomida- los efectos nocivos se descubren cuando ya es demasiado tarde. Para complicar más las cosas, aún cuando se llega a establecer que determinada substancia (digamos un colorante dietético o un solvente en un shampoo) es segura, no hay modo de saber si su interacción con una o varias de las decenas de miles de otras substancias ya existentes en el mercado y de amplio uso no va a resultar carcinógena para el hígado, la vejiga o cualquier otro órgano. En los variados alimentos que el Hombre acostumbra a consumir hay tanto carcinógenos como elementos protectores. Teóricamente, si el balance final de todos los elementos fuera favorable, es decir si incorporáramos suficientes anti-carcinógenos como para neutralizar todos los mutágenos, carcinógenos y radicales libres -exógenos o endógenos- reduciríamos notablemente las probabilidades de contraer cáncer.
Generados por varias industrias distintas, venenos como el malatión, DDT, carbaryl, y muchos otros encuentran una ruta hacia nuestros tejidos. Una manera inmediata de disminuir el riesgo de contraer cáncer es disminuir la exposición a este tipo de sustancias (4) todo lo posible. La otra es, simultáneamente, suplementarse con dosis meta-nutricionales de los precursores enzimáticos del ciclo de Krebs y la cadena respiratoria, concretamente con riboflavina, niacina, pantotenato, ascorbato. Por cierto que, si no tuviéramos las enzimas respiratorias naturalmente presentes en nuestro cuerpo, ni las necesarias vitaminas, minerales y aminoácidos mencionados, con funciones catalíticas, antioxidantes, etc. moriríamos rápidamente. La patología caracterizada como progeria se debe justamente a un déficit de dichas enzimas caracterizada por una brutal aceleración del envejecimiento en los infortunados niños que la padecen, luciendo como verdaderos ancianos hacia el final de sus cortas vidas (de 13-15 años).
Especies reactivas del oxígeno: El enemigo interior.
No hay sobre el planeta un solo organismo vivo que respire oxígeno y no posea sistemas enzimáticos para el control de los radicales libres similares a los nuestros (5).
La mayor concentración de dichas enzimas registrada hasta la fecha la tiene la bacteria Radiodurans, capaz de vivir en el interior de un reactor nuclear. En altas concentraciones, el oxígeno es un potente veneno con efectos destructivos sobre el sistema nervioso central, la retina y los pulmones a través de la producción de radicales libres. Se ha visto que en animales experimentales la exposición a oxígeno puro (a 1 atmósfera absoluta de presión), es decir, unas cinco veces la concentración normal, se produjo una completa destrucción del timo, seguida de muerte por edema pulmonar a los cuatro días.
Si bien los humanos tenemos enzimas protectoras muy superiores a las de la mayoría de los animales las concentraciones normales de oxígeno a lo largo de toda una vida pueden producir daño acumulativo (6). Para el humano común, este daño se debe a la generación mitocondrial de especies reactivas del oxígeno. Los radicales libres son partícipes necesarios de algunas reacciones metabólicas normales pueden neutralizar gérmenes e intervienen en mecanismos de control del ciclo celular. Hasta ahí su utilidad. El exceso de radicales libres es responsable de infinidad de trastornos y probablemente interviene en todo proceso patológico, sea cual fuere su origen. La radioactividad mata precisamente porque genera una masiva cantidad de radicales libres en los tejidos.
Un factor determinante en la toxicidad de los alimentos es su modo de preparación.
En algunos casos, la toxicidad se disipa con la cocción. Una ventaja evolutiva bien definida que permitió a los homínidos (H. erectus, H. neandertalensis, etc.) dominar su entorno y competir con los animales por los recursos disponibles fue el dominio del fuego y la cocción de los alimentos. De no ser tóxicas en alguna medida, las semillas, bayas y granos más diversos ya se habrían extinguido hace milenios. Por otra parte los alimentos tostados y quemados o en general cocidos a altas temperaturas (fritos, asados, o tostados) producen transformaciones tóxicas en dichos alimentos.
Las dos fuentes más abundantes de material quemado son el café y el cigarrillo, y secundariamente, todo lo tostado hasta el color marrón. El cuerpo tiene ciertas defensas mecánicas establecidas contra la incidencia de mutágenos y carcinógenos, por ejemplo, renueva constantemente el epitelio de los intestinos, la piel, el estómago, la córnea, etc. Varios alimentos comunes, tanto verduras como proteína animal y lácteos posibilitan la fabricación de tejido nuevo (aminoácidos, Folato, vitamina B-12).
Tan apetecibles, frescos e hipocalóricos como lucen, los vegetales necesariamente contienen cierta cantidad de toxinas endógenas que ellos mismos se vieron forzados a producir en el curso de su evolución para defenderse de los predadores. Muchos de esos pesticidas endógenos naturales (safrol, piperina, agaritina, y canavanina) son carcinógenos. Las fuentes más importantes de radicales libres son el peróxido de hidrógeno y el superóxido, -subproductos del metabolismo normal-, y los radicales del oxígeno que se liberan tras la fagocitosis de virus o bacterias. Nuestras células defensivas devoran a estos agentes invasores liberando radicales libres en el proceso, razón por la cual es tan útil aumentar generosamente la provisión de antioxidantes durante una enfermedad infecciosa. Otro evento común que libera muchísimos radicales libres es la inflamación. Los minerales Zinc y Selenio son anti-carcinógenos de extrema importancia en el control de la oxidación por estas causas.
Una dieta rica en Selenio inhibe significativamente la inducción experimental de tumores de la piel, hígado y colon, con diferentes carcinógenos, así como la inducción de tumores mamarios por virus. La escasez de Selenio en los suelos (y por tanto en la dieta) ha sido asociada fuertemente a la incidencia de diversos tipos de cáncer. Por su parte, los alimentos ricos en vitamina C tienen un importante rol como anti-carcinógenos y muestran una correlación inversa con la incidencia de enfermedades degenerativas e infecciosas a lo largo de la historia. El ácido ascórbico ofrece protección anti-carcinogénica en animales tratados con radiación ultravioleta, benzopireno y nitrito.
El ácido úrico es en realidad un potente antioxidante (7), que abunda en la sangre humana en concentraciones de entre 3 y 7 mg/dL, así como en la saliva, donde se piensa que confiere protección (junto con la enzima lactoperoxidasa) frente a varios carcinógenos.
Alimentarse de órganos glandulares (tales como mollejas, timo, huevas, hígado), ricos en purinas, aporta abundante ácido úrico. Lamentablemente, el exceso de ácido úrico puede empeorar la gota. Las semillas oleaginosas, algunos pescados y plantas comestibles contienen el grupo de substancias (tocoferoles y tocotrienoles) colectivamente denominadas “vitamina E”. Los tocoferoles –siendo liposolubles- atrapan radicales libres en la fase oleosa de las células (las membranas están hechas de lípidos), y son por tanto de utilidad en el control de la oxidación. Se ha observado también un efecto protector del daño al ADN causado por radiación. La vitamina E incrementa notablemente la resistencia al ejercicio intenso prolongado que, se sabe, puede producir grave estrés oxidativo y daño tisular. Los vegetales, especialmente los de color amarillo, naranja y rojo contienen Beta-Caroteno probablemente implicado en la protección la grasa corporal y los lípidos de las membranas de la oxidación.
Los carotenoides parecen ser anti-carcinógenos en los seres humanos y se usan en el tratamiento de algunas enfermedades genéticas –como las porfirias- en las que la extrema sensibilidad a la luz parece deberse a la formación de un poderoso oxidante, el oxígeno simple (1O2). Finalmente, las plantas comestibles en general contienen cantidades variables de elementos anti-cancerígenos como los bioflavonoides y los polifenoles que vienen evidenciando una amplia gama de acciones protectoras.
Endotoxinas vegetales.
El universo vegetal, del que se estima que hay unas 391,000 especies, está lleno de microscópicos peligros. Legiones de insectos, hongos y, por supuesto, bacterias pululan en los espacios verdes, y grandes animales herbívoros acechan también al mundo vegetal.
Una de las ilusiones cognitivas remanentes de antiguas concepciones animistas de la realidad, es que todo lo natural es necesariamente bueno.Creciente evidencia indica que la Naturaleza no es particularmente benigna, y que hay muchísimos más venenos que alimentos en el mundo que nos rodea. La cantidad de toxinas naturales en las plantas usadas por los humanos como comestibles es tan vasta que los químicos orgánicos han estado caracterizándolas por más de un siglo y medio, y aún no terminan. Las siguientes substancias -dependiendo de su concentración, modo de preparación y frecuencia de ingestión- son carcinógenas y/o teratogénicas:
Vicina y Convicina Judías (habas blancas o Vicia fava)
Anagirina Leguminosas (lupine)
Canavanina Brotes de alfalfa
Progoitrina Repollo
En tiempos recientes se han puesto de moda algunos métodos que intentan combatir el cáncer con alimentos crudos, incluyendo grandes cantidades de brotes de alfalfa, soja, pasto verde, etc., todos los cuales abundan en fitotoxinas (venenos vegetales). Los argumentos detrás de estas técnicas son en su mayoría de carácter emocional (es decir, son creencias) con poco o ningún fundamento sólido documentado. Los alimentos crudos son calificados de “vivos”, “naturales”, “no adulterados”, y así por el estilo. La dieta crudívora, semejante a la de los monos, promulga volver a la forma primigenia, natural y no adulterada de alimentarse que tenía los homínidos hace 3 millones de años, antes del dominio del fuego. Si bien es cierto que la dieta emblemática de la civilización actual (fast food) es sumamente tóxica, una nutrición racional –basada en los sólidos conocimientos científicos disponibles, sería la conducta racional. Incidentalmente, tan recientemente como 120,000 años atrás, los seres humanos vivían en promedio 18 años.
Nuestro entorno, en especial los lugares donde pasamos las dos terceras partes de nuestra existencia: el hogar y el trabajo, también abunda en compuestos potencialmente dañinos. Las primeras evidencias de esto no son nuevas. Hace más de cien años se advirtió, por ejemplo, una incidencia anormalmente alta de cáncer de vejiga entre los obreros de la industria de las tinturas textiles debido a la substancia Beta-naftilamina. La mitad de los trabajadores de las minas de uranio –mucho antes de que se reconociera que el polvo extraído era radioactivo (1939)- moría de cáncer de pulmón. El asbestos, por su parte, ampliamente usado hasta hace poco como material aislante es responsable de una violenta forma de cáncer pulmonar (más específicamente de la pleura y el peritoneo) que afectaba no solo a los obreros sino también a sus familiares expuestos al asbestos a través de las partículas traídas a casa en las ropas del padre o esposo.
Muchos otros carcinógenos se han descubierto en diversas industrias: tetracloruro de carbono (CCl4) usado en las tintorerías, el benzopireno, presente en los vapores del asfalto hirviente (usado en calles e impermeabilizaciones de techos), cloruro de vinilo en la industria del plástico, clorobifenilos –en las papeleras-, hidrocarburos aromáticos polinucleares (PAH) emitidos por las brasas de carbón para asar y ahumar, y muchos muchos otros. Con todo, la esperanza de vida al nacer y (en mucha menor medida) la longevidad individual máxima de los seres humanos ha venido creciendo sistemáticamente en los últimos cientos de años. Lo más sensato al respecto de cómo disminuir las probabilidades de contraer cáncer debido a toxinas ambientales y endógenas es seguir un programa de suplementación nutricional lo más abarcador posible, basado en los conocimientos objetivos ya disponibles.